CANAIMA

Un tesoro natural para explorar hasta el infinito

Entre tantas leyendas heredadas de los ancestros de la etnia Pemón, y sus familias Arekuna, Taurepan y Kamaracoto, asoma el perverso personaje mitológico de Kanaimö, espíritu maligno que no solo dejó el legado de una de las más legendarias fábulas indígenas, sino el nombre de Canaima, uno de los lugares más espléndidos del territorio venezolano

Destino Canaima | Portal de Turismo de Venezuela
Turismo Venezuela Adriana Boccalon Varios
Texto de: TurismoVenezuela.info Redactado por la Licenciada Adriana Boccalon
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Introducción

Sobre el milenario macizo guayanés, el más antiguo asiento geológico del globo terráqueo, se extienden 3 millones de hectáreas con una magnífica mezcla de bosques tropicales, dilatadas sabanas y más de un centenar de peculiares montañas de paredes verticales y tope muy chato. Un abanico de flora y fauna con especies endémicas, únicas en el mundo. Cascadas, lagunas y ríos, algunos calmos, otros con corrientes y raudales que limitan su navegación. También el Salto Ángel que brota del «Yauyán» o Montaña del Diablo, como el ancestral indígena Pemón nombraba al imponente Auyantepuy, recreando la caída de agua más alta del planeta.

En el estado Bolívar, al sur del río Orinoco, se encuentra el Parque Nacional Canaima, creado el 12 de junio de 1962 para proteger, además de la biodiversidad clasificada, las singulares moles naturales llamadas «Tepuy» y las espléndidas cascadas como el Salto Ángel. La primera declaratoria abarcó el sector occidental que se extiende sobre un total de 1.913.750 hectáreas, donde está la comunidad indígena de Canaima y, entre monumentos naturales, el Auyantepuy. Luego, el 9 de septiembre de 1975, se decretó la incorporación de 1.086.250 hectáreas del sector oriental del Parque Nacional Canaima, para proteger las nacientes del río Caroní que, en alto porcentaje, alimenta el sistema eléctrico del país.

 
Estado Bolívar, al sur del río Orinoco

La Leyenda de Kanaimö

Kanaimö es un personaje de la mitología indígena que crearon los Arekunas para darle una explicación racional a la muerte. Como cualquier otra etnia indígena precolombina, los primitivos habitantes de Canaima se negaban a aceptar el desenlace fatal como un hecho natural. Entonces crearon a un personaje maléfico, un espíritu maligno, que sin ningún tipo de limitación terrenal era capaz de alcanzar a la víctima elegida y someterla hasta darle muerte. Esta obra del ingenio primitivo era el enemigo de la etnia Pemón y sus familias Arekuna, Taurepan y Kamaracoto. Kanaimö no tuvo madre, fue la desdichada creación de un indio muy malo que lo vomitó en una tapara.

¡Son tantas las leyendas sobre Kanaimö! Si un indio enfermaba de pulmonía, Kanaimö lo había soplado en el pecho. Si sufría de fuertes dolores de estómago, era un maleficio de Kanaimö. Su magia era infinita. Para hacer sus fechorías podía convertirse en águila, tigre, oso hormiguero, o adoptar la forma de un indio de carne y hueso. Nadie se salvaba de Kanaimö. Tan perverso era este personaje de la fábula aborigen, que también podía encarnar en «Awoineripué», una legendaria criatura que escarbaba la sepultura de sus víctimas para beber la sangre de los cadáveres en descomposición.

Alguna vez la comunidad de Canaima planteó el deseo de cambiar el nombre que este perverso espíritu le dejó en herencia. Sin embargo, Kanaimö ya no es más que una leyenda sobre este territorio mágico que inspiró a Sir Arthur Conan Doyle en su Mundo Perdido, un tesoro que la Unesco declaró en diciembre de 1994 como Patrimonio Natural de la Humanidad, por mostrar las etapas más importantes de la evolución del planeta, por la variedad de ecosistemas terrestres y acuáticos, por ser hábitat de especies de flora y fauna en riesgo de extinción y, por supuesto, por las asombrosas formaciones naturales de belleza excepcional.

Del Hacha al Sapo y Sapito

La Laguna de Canaima es apenas un abreboca de los espléndidos paisajes que definen estos espacios únicos en el mundo. Con la invitación a abordar la curiara comienza la aventura. El uso de salvavidas es obligatorio. Y, es recomendable llevar traje de baño debajo de la ropa deportiva de secado rápido, sandalias o cholas de goma cerradas, protector solar, lentes de sol y cámara fotográfica protegida con estuche impermeable o. Tres magníficos Tepuys se observan durante el paseo por la laguna, el Zamuro o «Nonoy-Tepuy» a la izquierda, el Venado o «Kuravaina-Tepuy» al centro y el Cerbatana o «Topochi-Tepuy» a la derecha, mientras la curiara pasa cerquita de los saltos Hacha, Wadaima, Golondrina y Ucaima.

Ahora ¡a echar a andar! Después del paseo por la Laguna de Canaima comienza la caminata que lleva al visitante hasta el Salto El Sapo. Esta cascada forma una especie de cortina de agua que hay que traspasar por debajo con mucho cuidado y con poquito miedo, sin soltar la cuerda que sirve de baranda para no caer por el precipicio. Son minutos de suspenso repletos de adrenalina, que inyectan energía al alma y al cuerpo. Salvado el trecho de El Sapo seguido de El Sapito, un relajante baño en las aguas cristalinas y las fotos que serán los testigos de la aventura, es de rigor antes del retorno a la comunidad de Canaima.

De Paseo al Salto Ángel

«Kerepakupai Vená» es un vocablo de la lengua Pemón que podría traducirse al criollo como «salto del lugar más profundo». Y así justamente nombraba esta etnia autóctona al Salto Ángel, la cascada más alta del mundo con 979 metros de altura, mucho antes que adoptara el nombre del aviador norteamericano Jimmy Ángel. +Info sobre el Salto Ángel

El Salto ¿Por Qué Ángel?

Al igual que Canaima conservará su nombre a pesar de la leyenda del cruel Kamainö, el Salto Ángel seguirá llamándose así aunque no haya sido Jimmy Ángel, como algunas personas creen, quien descubrió tan espectacular cascada. Las crónicas testimoniales refieren que, en efecto, el aviador norteamericano se estrelló en la cima del Auyantepuy el 9 de octubre de 1937 a mediodía, mientras piloteaba su avioneta acompañado de su esposa María, y de los exploradores Miguel Delgado y Gustavo Heny. Tras el accidente emprendieron una caminata de 11 días hasta el campamento base en la comunidad de Kamarata, donde Jimmy Ángel reportó haber visto el salto que ya los indígenas llamaban «Kerepakupai Vená». +Info sobre el Salto Ángel

La Gruta de Kavak

Pero, más allá del Salto Ángel está la Gruta de Kavak o «Kavak Yeutá» en lengua Pemón. Sea en Puerto Ordaz, Ciudad Bolívar o en Canaima, vale la pena contratar un vuelo en avioneta para llegar a la comunidad indígena de Kavak, que también está en el Olimpo de los Dioses Arekunas, en la Montaña del Diablo, en el Auyantepuy. Este gigantesco monumento con innumerables atractivos naturales mide 700 km² y tiene, en su punto más elevado, 2560 metros sobre el nivel del mar. La leyenda aborigen dice que allí, en el «Yauyán», habitan los «Mawariton», espíritus malignos, junto a «Tramanchitá», ser Supremo del Mal.

En la comunidad de Kavak hay un sencillo servicio de comida y pernocta, así como guiatura especializada. La caminata comienza sobre una ruta que conduce hasta Kawaikayen, un pequeño salto de agua a partir del cual el escenario comienza a cambiar con rapidez. A cada paso el camino se hace más estrecho y el cauce de agua que va por el medio comienza a crecer. Entretanto, las paredes del Auyantepuy se alzan imponentes hasta alcanzar unos 150 metros, mientras se acercan como queriendo encontrarse frente a frente estrechando el paso. ¡Intimida! En ese punto, mojarse es obligado. Por eso, la recomendación es traje de baño, ropa de secado rápido y equipo fotográfico impermeable.

Con el agua casi al cuello, y las paredes empeñadas en encontrarse de frente, se llega a Kawaiköden donde el agua es helada, las rocas muy resbaladizas y la corriente traicionera. Desde ese punto es de rigor echarle mano a las cuerdas que los indígenas han colocado entre un paso y otro para llegar a la Gruta de Kavak, que adoptó su nombre de una palma que abunda en la zona y que sirve a los nativos para fabricar sus cerbatanas. En aquella estrechez hay que nadar contracorriente, sin soltar la cuerda, para llegar hasta el Salto Yuwan. La recomendación es evitar colocarse bajo el chorro que brota del borde superior de las rocas, pues la fuerza del agua en caída libre podría provocar un serio contratiempo.

Recomendaciones

El tipo de equipaje dependerá, básicamente, del destino elegido. Veamos qué previsiones tomar para esta exploración al Parque Nacional Canaima.

• Equipaje liviano porque se viaja en aviones pequeños o avionetas. Mochila impermeable para cargar lo necesario durante las caminatas y los paseos en curiara. Mucho mejor si el morral tiene correas ajustables a la cintura.

• Llevar ropa fresca de secado rápido y no olvidar el traje de baño. Vale la pena incluir un par de franelas manga larga para evitar insolación, y picadas de mosquitos y zancudos. Y, una chaqueta liviana para el fresco de la noche.

• Un par de zapatos deportivos de tejido liviano y suela antiresbalante, además de sandalias o cholitas de goma tipo Cross.

• Protector solar y repelente de insectos no deben faltar entre los efectos personales, además de medicinas, linterna, gorra, impermeable y una toalla pequeña de microfibra de secado rápido.

• Bolsitas de cierre hermético para colocar documentos, dinero, teléfono celular y afines.

• Y, por supuesto, seguir las normativas asociadas al cuidado y conservación de las áreas bajo régimen de administración especial, como son los parques nacionales.

Cómo Llegar

Al sector occidental del Parque Nacional Canaima se llega en vuelos comerciales y avionetas que despegan, en general, de los aeropuertos de Ciudad Bolívar y Puerto Ordaz. El visitante puede optar por el paquete turístico que mejor se ajuste a su bolsillo, gustos y preferencias. En los alrededores de la comunidad indígena de Canaima hay varios tipos de posada, desde las que ofrecen servicio VIP hasta sencillos alojamientos para mochileros. Aunque hay turistas arriesgados que llegan a apuntarse a actividades por cuenta propia, la mayoría aterriza con un programa preconcebido que, entre tanto más, siempre incluye pasear por la Laguna de Canaima, atravesar el salto El Sapo y visitar, con o sin pernocta, el Salto Ángel.

 

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