Estado Delta Amacuro

Capital Tucupita

Territorio de «Gente de Canoa». Entre los caños del Delta del Orinoco y las sierras de Imataca se mantiene en pie el Warao, etnia indígena que sobrevive sobre un magnífico escenario natural que, sin embargo, ya no le ofrece condiciones amables para mantener una existencia digna

Estado Delta Amacuro, Capital Tucupita | Turismo en Venezuela
Turismo Venezuela Adriana Boccalon Varios

Introducción

En cada rincón de la geografía venezolana florecen magníficos caprichos de la Naturaleza. Y, el territorio deltano, no es ajeno a las genuinas extravagancias de nuestra esencia como país. El antojadizo entrelazado de aguas dulces que aligeran su paso para abrazar el Océano Atlántico dejando atrás bosques y selvas, caños y manglares, y también al indígena Warao que no abandona su ancestral identidad, es una muestra de portento natural con nombre y apellido: Delta del Orinoco. Sobre esta asombrosa desembocadura que ocupa 18.810 km², el Orinoco y sus afluentes, y otros ríos como Grande, Amacuro y Barima, se abren en abanico dibujando más de 70 ramificaciones con canales abiertos a la navegación fluvial.

Relatan las crónicas que Cristóbal Colón creyó haber llegado al Paraíso Terrenal, cuando alcanzó territorio venezolano el 2 de agosto de 1498. Este paraje sinigual de «…silencios selváticos apenas rotos durante el día por el cantar de los pájaros más exóticos… o en las noches profundas por el unísono grito de los araguatos y del jaguar…» fue recitado así por el poeta tucupiteño Humberto Mata. Pero, la singular geografía del Delta del Orinoco, testigo de la llegada a América de emisarios de la corona española, y umbral de piratas y corsarios que zarparon de otros puertos europeos en busca de los tesoros del Nuevo Mundo, es acaso poco menos de la mitad de la extensión total del estado Delta Amacuro.

Sobre 40.200 km² al noreste del país, Delta Amacuro limita al norte con el Golfo de Paria y el Océano Atlántico, al sur con el estado Bolívar y la zona en reclamación de la Guayana Esequiba, al este con el Océano Atlántico, y oeste con los estados Monagas y Bolívar. En este territorio contrastan, principalmente, dos formaciones geológicas. El delta del Orinoco con ríos, caños, lagunas, y bosques de palmas y manglares, y la serranía de Imataca con 21.390 km² de montañas, selvas y sabanas sobre el accidentado relieve del Macizo Guayanés. Además de Tucupita capital, Pedernales, La Horqueta, El Triunfo, Curiapo, Piacoa y Santa Catalina, son otros asentamientos de esta bastante despoblada entidad venezolana.

 
Capital Tucupita

Era Precolombina

El hombre se plantó en territorio deltano cuando el aborigen decidió desplazarse en busca de un hábitat más amable, probablemente muchos miles de años antes de Cristo. Los apuntes revelan que los grupos Kotosh-Chavin, quienes legaron la «tradición Barrancas» de alfareros y horticultores, llegaron al bajo Orinoco desde los andes peruanos. Aramayas, Arawak, Caribes, Pariagotos, Panacayos, Tiuitiuas y Mariusas también dejaron sus rastros en la región. Algunas etnias primitivas llegaron desde Trinidad y Guyana. Otras fueron reportadas como desertoras de tribus hostiles establecidas en tierras brasileras, como por ejemplo la etnia Warao, única sobreviviente de la civilización ancestral de Delta Amacuro.

 

Tiempos De Conquista

A dos sílabas se reduce la toponimia del nativo deltano que vivía de la caza, la pesca y la recolección. «Wa» significa Canoa y «Arao» simboliza Gente. El vocablo Warao o «Gente de Canoa» no puede definir mejor al aborigen que vive en palafitos a orillas de los ríos y se desplaza por los caños en «Wajibaka» o curiaras fabricadas con el tronco de la palma de moriche. Considerado su «Árbol de la Vida», principalmente de esta especie sacan madera para sus arcos y flechas, fibras para tejer chinchorros, cestas y alpargatas, una savia dulzona o «mojobo» para preparar vino de palma, harina para amasar su pan y un fruto comestible tan apreciado como el palmito, que en lengua indígena nombran como «yabakaba».

Así vivían los aborígenes deltanos antes de la llegada de conquistadores y evangelizadores. La historia relata que Cristóbal Colón llegó al «Paraíso Terrenal» en 1498, Alonso de Ojeda reconoció la desembocadura del río Orinoco un año más tarde y Vicente Yáñez Pinzón descubrió la magnificencia del Delta en 1500. Sin embargo, la primera exploración naval documentada sobre el río Orinoco entrando por su desembocadura, la emprendió Diego de Ordaz en 1531. Persiguiendo a toda costa el sueño de El Dorado, este expedicionario español remontó las aguas del Orinoco hasta su confluencia con el río Meta, acabando a su paso, sin piedad, con la paz que reinaba en los asentamientos primitivos.

El Delta del Orinoco era puerta de entrada a un atesorado territorio. ¡Había que colonizarlo! Sin embargo, lo intrincado de su geografía dificultaba la tarea. El Warao se defendió durante décadas de españoles e ingleses que batallaron para reducirlos. Unos murieron, algunos huyeron, otros echaron raíces en tierras que ya no son tan amables como en tiempos remotos. La región deltana formaba parte de Nueva Andalucía cuando Antonio de Berrío se internó allí en 1580. Veinte años más tarde lo hizo su hijo Antonio de Berrío. A ambos los movía el mismo interés, hallar El Dorado, al igual que al pirata Sir Walter Raleigh que exploró el área hasta el establecimiento de la primera misión jesuita del padre Gumilla, en 1682.

Cronología en Breve

Delta Amacuro se definió como unidad político-administrativa el 27 de febrero de 1884, cuando se creó el Departamento Zea del Estado Guayana, capital Pedernales. El 31 de julio de ese año se fundó Tucupita, primer poblado criollo con vecinos de Nueva Esparta, Sucre y Monagas, a orillas del caño Mánamo. En 1887 se conformó el Territorio Federal Delta Amacuro sobre 63.667 km², capital Tucupita. En 1893 pasó a formar parte del estado Bolívar. Y, a consecuencia de la firma del Laudo Arbitral de París el 3 octubre de 1899, el gobierno de Ignacio Andrade cedió al Reino Unido 23.467 km², que entonces fueron anexados a la Guayana Inglesa. De ahí que Del Amacuro solo se extienda sobre 40.200 km².

El 26 de abril de 1901 se desligó del estado Bolívar para recuperar su autonomía como Territorio Federal Delta Amacuro y el 3 de agosto de 1991 recibió oficialmente su actual condición como estado Delta Amacuro. En el transcurso de estos acontecimientos se produjeron algunos hechos destacados como, por ejemplo, el establecimiento de las misiones religiosas de los frailes Capuchinos del Caroní y la Divina Pastora de Araguaimujo a orillas del caño homónimo en medio del Delta del Orinoco, en 1925, y las misiones de San José de Tucupita, San Francisco de Guayo, Nabasanuka y Ajotejana, a partir de 1932.

Tesoros Patrimoniales

Además de la Catedral de la Virgen de la Divina Pastora, joya arquitectónica de estilo neoclásico que comenzó a edificarse a mediados de los años ´50 y concluyó en 1982 por problemas políticos, y del templo de San José construido en 1930 por los misioneros capuchinos, los Castillos de Guayana son los principales patrimonios históricos que el estado Delta Amacuro mantiene bajo su custodia. Este par de centenarias fortalezas ubicadas en la margen derecha del río Orinoco, a escasos 45 minutos del Cerro El Gallo de San Félix, Ciudad Guayana, fueron edificadas por los colonizadores españoles para impedir que los piratas franceses, ingleses y holandeses invadieran el territorio que los llevaría a El Dorado.

El 24 de junio de 1824 se creó la Provincia de Carabobo integrada por Valencia capital, Puerto Cabello, Ocumare, San Carlos, Pao, Nirgua, Barquisimeto, Quíbor, San Felipe, Tocuyo, Yaritagua y Carora. Luego, el 6 de mayo de 1830, el Congreso de Valencia decretó la separación de Venezuela de la Gran Colombia y elevó la ciudad sede a la categoría de capital de la nueva República. Vale destacar que Valencia fue capital de la nación tres veces. La primera vez en 1812, luego en 1830 y más tarde en 1858 cuando triunfó la Revolución de Marzo. Después de reformas político-territoriales y ajustes limítrofes, el 27 de abril de 1881 se creó el estado Carabobo que mantiene su geografía actual desde 1933.

Castillo San Francisco de Asís

Se edificó entre 1676 y 1682 a orillas del río Orinoco sobre una enorme roca maciza, en el mismo terreno donde los primeros misioneros establecieron el convento de San Francisco de Asís, en 1593. En este bastión se observan tres salones para diversos usos, garitas de vigilancia, cañones para la defensa de Guayana y una celda para encerrar a los prisioneros.

Castillo San Diego de Alcalá

Se edificó entre 1734 y 1747 en lo más elevado del cerro El Padrastro, un poco más retirado de las márgenes del río Orinoco, para reforzar la defensa de tan vulnerable territorio. Los visitantes pueden visitar allí el Museo Didáctico de Historia Regional, para conocer los pormenores de episodios memorables durante la historia de Venezuela.

Relatan las crónicas que se proyectó construir un túnel para comunicar ambas fortalezas, pero la consistencia de las rocas lo convirtió en misión imposible. Vale destacar que los castillos San Francisco de Asís y San Diego de Alcalá fueron rebautizados durante el mandato de Joaquín Crespo como Fuerte Villapol y Fuerte Campo Elías, respectivamente, en memoria a dos españoles que apoyaron la gesta independentista. Además, cabe recordar que los Castillos de Guayana también fueron importantes durante la Guerra de Independencia. Cobijó al batallón realista comandado por Miguel de La Torre después de la Batalla de San Félix, en 1817, y alguna vez sirvió de cuartel al ejército patriota del Libertador Simón Bolívar.

Tradiciones y Folclor

Aunque en territorio deltano cohabitan indígenas, criollos y guyaneses, el folclore apunta más hacia la celebración de fiestas paganas con música, cantos y danzas «waraunas» tradicionales de la familia Warao. «Jari» o flautas fabricadas con huesos de animales, tambores que retumban ritmos africanos y el violín Warao que encierra una espléndida fábula, son los instrumentos musicales que animan los «maremare» o festejos por la fertilidad y la vida, y las plegarias para que los dioses controlen las lluvias y las crecidas de los ríos, y eviten las inundaciones que provocan indigencia y penuria.

Cuenta la leyenda que durante un diluvio se desprendió del territorio habitado por los Warao un trozo de tierra que se alejó para nunca más volver. Ellos creen que es Trinidad. Entre los animalitos que quedaron del lado Warao había un mono que ponía a bailar a todos los presentes en cuanto comenzaba a tocar el violín. Pero el mono tenía un enemigo. Un tigre se lo quería comer. Cuando el mono supo que estaba condenado a muerte, le pidió al tigre que le concediera un último deseo, tocar el violín una vez más. Deseo concedido. El mono tocó el violín y el tigre nunca pudo parar de bailar. Desde entonces el aborigen fabrica el violín Warao, es devoto de la danza y utiliza la música para dominar a las bestias.

Culto a la Virgen del Valle

Cada 15 de septiembre hay fiesta en Tucupita. Además de los oficios religiosos de rigor, los tucupiteños juegan palo encebado, huevo en la cuchara, carreras de sacos y hacen competencias de curiaras. En la población de La Horqueta también se le rinde culto a la Virgen del Valle. Es una de las celebraciones más concurridas porque indígenas y criollos van juntos en procesión fluvial a través de los caños, paseando la imagen sagrada que llegó de España en 1923, para luego llevarla caminando hasta la iglesia de la calle Las Cuibas.

Fiesta de María Auxiliadora

Dicen algunos cronistas que la fiesta patronal de Macareito es la más alegre del estado Delta Amacuro. Es un jolgorio que comienza el 19 de mayo y acaba tres días después con un sancocho de morocoto y «rallao» con coco. Se realizan los tradicionales oficios religiosos en la capilla del pueblo, pero después hay competencias deportivas, carrera de caballos, pelea de gallos y bailes populares al ritmo de música ranchera. Otra particularidad es que la imagen de la Virgen María Auxiliadora sale en procesión sobre hombros masculinos, pero regresa al templo cargada por un grupo de mujeres.

Velorios de Cruz de Mayo

En Delta Amacuro, por tradición, esta celebración comienza el 3 de mayo y se extiende hasta el día de San Pedro y San Pablo a fin de mes. Aunque es una tradición religiosa heredada por la Iglesia Católica, el indígena aprovecha esta fiesta para agradecer las bondades de la madre Naturaleza. Criollos y nativos se reúnen para recitar poemas, cantar galerones, bailar su música y compartir su gastronomía.

Patrimonio Natural

El Delta del Orinoco, uno de los más esplendorosos del planeta Tierra, y la Sierra de Imataca que completa la geografía de la entidad, cuenta como patrimonio natural. En sus bosques, selvas, sabanas y manglares abundan las palmas Temiche y Manaca, el emblemático árbol de Moriche, y entre tanto más, el Tirite, especie herbácea con fibras ideales para la cestería. En la especie animal destaca el Picure deltano, el noctámbulo Oso hormiguero catalogado como «especie rara», el Perro de agua o Nutria gigante, mamífero amenazado desde 1969; el Manatí, el Chigüire, el Mono capuchino, el Mono viudo, la Tortuga Arrau en riesgo de extinción, la Lagartija deltana y el sapo Bufo, entre otras especies de fauna silvestre.

Parque Nacional Mariusa

Selva, agua, lagunas, manglares y arenas movedizas completan el escenario natural del Parque Nacional Mariusa, decretado zona de protección el 5 de junio de 1991. Está ubicado en medio del Delta del Orinoco sobre una extensión de 265 mil hectáreas, donde la familia Warao vive en palafitos y se desplaza en curiaras entre los caños hasta tierra firme.

Entre otros atractivos naturales del estado Delta Amacuro destacan los balnearios San Salvador a orillas del caño Mánamo, y Pequeña Venecia con facilidades para acampar en San Salvador. Curiapo, caserío donde las calles son puentes y las rústicas viviendas están edificadas sobre estacas. Los raudales de Sacoroco, y los saltos El Toro y Acoima entre Manoa y Santa Catalina; Isla Tórtola y el salto Casacoima en Piacoa; río de Piedra en Sierra Imataca, Isla Mánamo, Isla Cotorra, Isla Plata, y las islas Guasina y Sucupana que alguna vez fungieron como cárceles. También destaca el Paseo Malecón sobre el caño Mánamo, y los caseríos de pocos grupos indígenas que se mantienen fieles a sus costumbres ancestrales. + Info Sobre el Parque Nacioal

Economía Deltana

La economía deltana se sustenta en el cultivo de maíz, arroz, plátanos, piña, yuca y palmito; la ganadería, la cría de aves, y la pesca de lebranche, pargo, carite, bagre, cachama, dorado, laulau, rayado y sapoara, además de camarones, langostinos, ostras y cangrejos. Pero, en los últimos años ha mermado la actividad por la salinización de las aguas del delta, provocando el éxodo de la población hacia otras fronteras. En el sector industrial destaca la refinería petrolera de Tucupita, el potencial minero de bauxita, hierro, cuarzo y oro de aluvión, así como la explotación de recursos forestales y especies maderables como cedro, araguaney, cascarillo, carapo, balatá, sarrapia, y un abanico de palmas y cocoteros.

Cestería Warao

La cestería Warao tiene calidad de exportación. Con la fibra del Tirite tejen entramados decorados con formas geométricas, creando piezas utilitarias de uso cotidiano como el «Mapire» o mochila para cargar objetos, el «Wapa» o «Bihi» que es una bandeja circular donde exprimen el almidón para preparar la harina de moriche, el «Aruhuba» o cilindro alargado para exprimir la yuca amarga, el «Manari» o bandeja cuadrada para cernir la harina para elaborar el casabe, el «Berei» o cesta para recoger y transportar alimentos, el «Yami» o paleta para avivar fogones, y voltear pan y tortas de casabe. Y, el «Toro-toro» o cesta sagrada que solo puede tejer el «Wisidatu», chamán, pues allí se guardan los objetos sacros.

Singular Fogón Deltano

Aunque predomina la influencia aborigen, la singular gastronomía deltana incluye platillos típicos margariteños y alguna especialidad del fogón guyanés. Por ejemplo, el gusano de Moriche -larvas afrodisiacas ricas en proteínas que se comen crudas o cocidas- son alimento del indígena Warao, así como el Yuruma que, respetando el tradicional casabe, es el pan de harina de palma de moriche que complementa su menú cotidiano.

Con tanta pesca, un plato de sancocho nunca falta en la cocina deltana. El apreciado LauLau de carne blanca se prepara guisado, frito o sancochado; el Guaraguara, corroncho de agua dulce, se monta en leche de coco y limón, y el Busco salado es tradicional en Semana Santa. También es apreciado el Talkarí de chivo acompañado de una bola de plátano verde.

Para completar el menú nada más refrescante que un vasito de «Mono», bebida Warao elaborada con la fruta de la palma de manaca o moriche. Para otros gustos la oferta incluye chicha criolla, carato de mango y licor de ponsigué. Dulce de lechosa, conserva de coco, delicada de guayaba y un trozo de tirón o melcocha, corona el servicio a modo de postre.

 

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